15/06/06
Zapatero y la economía española
Zapatero y la economía española
Edmundo Fayanás
Llevamos dos años del gobierno socialista de Zapatero y es hora de hacer balance de la gestión del mismo en su aspecto económico. La realidad económica presenta grandes claroscuros, siguiendo la misma dinámica de continuidad de la política ejecutada por el Partido Popular, con pequeños retoques, sin haberse dado cuenta que este modelo esta agotado.
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05/06/06
El paraiso de lo posible, no de lo necesario
El paraiso de lo posible, no de lo necesario
G. Buster
El debate del estado de la nación, celebrado los pasados 30 y 31 de mayo, han servido para escenificar en el Congreso de los Diputados la correlación de fuerzas política en España al acabar el segundo año del Gobierno Zapatero. La oposición de derechas, a pesar de su durísima campaña de movilización extraparlamentaria y de bloqueo interno en el aparato del estado, no ha sido capaz de imponer su veto al proceso de cambio político y social. Rajoy ha tenido un “martes negro” y su liderazgo es cuestionado desde sus propias filas. El Gobierno, apoyándose en una situación económica de crecimiento, insostenible a medio plazo, consolida su agenda de reformas democráticas, pero “cepillando” cualquier intento de superar el actual marco constitucional, y empieza a poner en práctica unas políticas socio-liberales más activas.
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07/05/06
Mas Alla del Horizonte Zapatero
Más allá del horizonte Zapatero
G. Búster
Zapatero ha conmemorado la mitad de su legislatura con un mitin de triunfo en la plaza de Vistahermosa de Madrid y una campaña de celebración de sus éxitos. Ello ha sido posible porque la crisis iniciada en octubre de 2005 como consecuencia de la contraofensiva extraparlamentaria de la derecha social y política ha acabado estrellándose contra la aprobación por el Parlamento español de una propuesta “cepillada” de nuevo Estatut de Catalunya –abriendo la puerta a las reformas “controladas” del resto de los estatutos de autonomía y de la propia Constitución- y el inicio del proceso de paz en Euskal Herria con la declaración de alto el fuego permanente de ETA. En el propio gobierno socialista, la derrota de la derecha ha significado la salida del ministro de defensa Bono, que se había convertido en el principal defensor de un “bloque constitucional” con el PP, que hubiera otorgado derecho de veto a la derecha sobre el proceso de reformas democráticas en curso.
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10/04/06
La segunda epifanía de Zapatero y el Viernes de Dolores de Bono
La segunda epifanía de Zapatero y el Viernes de Dolores de Bono
G. Buster
La prevista crisis de Gobierno (véase, 1, 2, 3, 4) ha tenido lugar finalmente el Viernes de Dolores. Más que una crisis, la salida de José Bono del ministerio de defensa y la entrada en el ministerio del interior de Alfredo Rubalcaba es un ajuste que cierra institucionalmente la "crisis de octubre" del gobierno Zapatero. Una crisis que era el resultado de un enfrentamiento en el gobierno y en el PSOE de dos proyectos políticos distintos que encabezaban respectivamente Zapatero y Bono. La victoria de Zapatero es ante todo resultado de la derrota de la contraofensiva social y política de la derecha, que ha perdido también a su principal aliado en el Gobierno y en el PSOE. El horizonte político queda así definido hasta el final de la legislatura en el 2008.
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28/03/06
¿Botellón?... joder, normal!!!
Ahora está muy de moda eso del botellón. Y en esto, como en todo, está la visión de aquellos (y aquellas) que hablan desde el conocimiento de vivirlo cada fin de semana o de aquellos que lo ven en televisión y se hacen eco de los comentarios más o menos felices de los comenta-listos que abundan tanto en las tertulias. Algunas veces he dicho que no me merece ningún respeto aquella persona que se cree experta en todo. Suelen ser como el pato: nadan, vuelan y andan, pero no hacen nada bien.
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El alto el fuego de ETA y sus consecuencias
G. Buster · · · · ·
| 26/03/06|
La declaración de “alto el fuego permanente” de ETA busca permitir la construcción democrática de un marco político en el que sea posible que los vascos y las vascas decidan “sin limitaciones” su futuro. Esta decisión de ETA de poner fin a una larga lucha armada en nombre de los derechos nacionales del pueblo vasco se hace en el convencimiento de la posibilidad del ejercicio de las libertades democráticas en Euskal Herria para, a través de la movilización popular y la utilización de las instituciones políticas existentes, crear la correlación de fuerzas que permita ir más allá de las “limitaciones” que impone a la soberanía del pueblo vasco la Constitución española de 1978. Esta es la esencia del comunicado de ETA.
Haber llegado a este convencimiento, no solo por parte de ETA, sino del conjunto de la izquierda abertzale, ha sido un largo proceso. Pero su punto de arranque es la lectura de la nueva correlación de fuerzas que el 14-M del 2004 permitió la derrota del Gobierno Aznar del PP y la formación del Gobierno Zapatero. La respuesta política de la izquierda abertzale fue la Declaración de Anoeta del 14 de noviembre del 2004, proponiendo un proceso para crear las condiciones necesarias no solo para el alto el fuego de ETA, sino para la creación del marco político que permita en su momento la decisión democrática del pueblo vasco.
En estos momentos, bajo la conmoción política que supone en el Estado español esta decisión, los análisis iniciales parecen más preocupados por explicar cómo ha sido posible que por sus consecuencias. Y, evidentemente, es muy importante comprender cómo ha sido posible llegar a este “alto el fuego permanente” para identificar los procesos políticos y los actores que están detrás de él. Más, teniendo en cuenta que han tenido que actuar en lo fundamental no sólo desde la clandestinidad, sino también desde una ilegalidad propia y específica marcada por el Pacto Antiterrorista y la ley de Partidos Políticos, que pretendían criminalizar al conjunto de la izquierda abertzale, cuando no al entero nacionalismo vasco. La lógica de esta política del Gobierno Aznar –acabar mediante la represión no solo con ETA, sino también con la izquierda abertzale y desplazar al PNV del gobierno vasco— fue aceptada y compartida por el PSOE en la oposición bajo la presión de la muerte de sus militantes por ETA. Y sólo tras el 14-M ha podido Zapatero cambiar de política, recuperar una orientación propia, imponer un giro de 180 grados en el Partido Socialista de Euskadi y llegar a la moción del Congreso de los Diputados de 17 de mayo del 2005 que apoya “un proceso de diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular”.
Este proceso paralelo de la Declaración de Anoeta y de la Moción para el diálogo tras el fin de la violencia ha estado cruzado de puentes: de conversaciones entre el PSE y Batasuna a través de Eguiguren y Otegui, de la movilización de los movimientos por la paz, de la mediación de gentes como Alex Reid o incluso de Carod Rovira, que han permitido crear un mínimo de confianza. Ha habido que gestionar la inercia del conflicto que, a pesar de los más de 1000 días sin atentados mortales, se hace presente en suicidios de presos, en accidentes de encausados del macrosumario del 18/98 y familiares, en la exigencia del “impuesto revolucionario” y en la aplicación de una Ley de Partidos Políticos antidemocrática que ha impedido a Batasuna concurrir a las elecciones vascas y celebrar su congreso. Pero, sobre todo, ha tenido que enfrentarse a una dura ofensiva reaccionaria del Partido Popular –movilizando en las calles a las victimas del terrorismo— y de sectores del aparato de estado, sobre todo del judicial, para bloquear y hacer imposible el proceso de paz.
Consecuencias a corto plazo
Sin duda iremos conociendo el entramado de cómo se llegó a esta nueva situación política. Pero más importante es comprender cuáles son las consecuencias a corto y medio plazo.
En primer lugar, supone una derrota muy importante de la campaña de movilización extraparlamentaria de la derecha, que intentaba mantener el Pacto Antiterrorista PP-PSOE y vetar cualquier proceso de paz. La discreción y el secreto con el que el Gobierno Zapatero ha llevado a cabo el proceso de diálogo previo al alto el fuego permanente son consecuencia en parte de esa campaña. Pero no solo ha dejado al PP sin alternativa política, sino que le ha pillado por sorpresa. Una sorpresa que, acompañada de una oferta de consenso basada en la nueva política del PSOE, no le deja a Rajoy prácticamente margen de maniobra. Su única posibilidad de condicionar los acontecimientos es ahora pasar del choque frontal como alternativa de gobierno a una subordinación que pone en cuestión esa misma alternativa.
Sin embargo, no hay que menospreciar desde la izquierda esa capacidad de condicionamiento de la derecha. Por un lado, porque sigue influyendo en y dando cobertura política a sectores del aparato de estado que actúan con su propia autonomía. Por otro, porque el propio PSOE recoge esa presión y la hace suya parcialmente, no solo por razones electorales, sino para justificar como inevitables los propios límites políticos que impone al proceso de cambio, tanto en términos de la solución democrática de la cuestión nacional, de la reforma constitucional, como de las políticas sociales. La experiencia del debate sobre el Estatut de Catalunya es muy instructiva en este sentido: Zapatero ha sabido utilizar la presión de la derecha y la falta de movilización de la izquierda para imponer la “autocensura” a las fuerzas del Gobierno Tripartito de Cataluña hasta el 18 de febrero, cuando ya era tarde, en buena medida, para otra cosa.
La propia declaración de alto el fuego no solo refuerza a Zapatero frente al PP: las primeras encuestas –con todas sus limitaciones técnicas— muestran una recuperación de los casi 7 puntos perdidos en los últimos meses en intención de voto en sólo una semana. También le refuerza en el seno del PSOE y del conjunto de la izquierda. Crea además un nuevo escenario en el que la “autocensura” y las limitaciones en la reforma del Estatut de Catalunya aparecen como una fase más en un proceso de cambio que ahora tiene un desafío más directo en Euskadi, y por lo tanto, podría permitir a ERC justificar en esos términos un cambio de actitud que consienta su continuación en un Gobierno Tripartito que estabilizado. Es decir, si la izquierda en su conjunto se refuerza frente a la derecha, no lo hace así la “izquierda de la izquierda”, de la que depende menos institucional y socialmente Zapatero.
La derrota del PP que supone el alto el fuego permite vislumbrar una legislatura completa en la que el Gobierno Zapatero habrá de llevar a cabo las reformas estatutarias, dar cuerpo al nuevo modelo territorial y hacer una reforma constitucional limitada. Es decir completar una “segunda transición” controlada que le refuerce en todo el Estado español, mientras que crea las condiciones políticas que le sean más favorables en Euskadi y Nafarroa, a fin de abordar el escenario en el que “los vascos y las vascas decidan” de manera tal, que el resultado de esa decisión sea compatible en lo fundamental con el nuevo modelo territorial. Una estrategia que inevitablemente exige, en una primera fase, hegemonizar el proceso de diálogo con la izquierda abertzale –y dado el peso del PSE en las instituciones vascas, tendrá que ser desde el gobierno central—, pero, en una segunda –tras las nuevas elecciones vascas y las generales del 2008—, establecer una alianza con el PNV frente a los sectores independentistas.
Puede pensarse en un doble espejismo de inevitabilidad del proceso (porque el coste de una vuelta atrás parece inaceptable para todas las partes) y de diálogo directo entre el gobierno central y la izquierda abertzale. Durará poco, en cualquier caso, porque al multiplicarse los actores y diversificarse los intereses, la complejidad irá definiendo el surgimiento de una nueva situación política con sus propios parámetros. Por eso lo fundamental sigue siendo guiarse por objetivos concretos, como son la creación de las condiciones de paz –que implica el ejercicio de la democracia por todos los sectores de la población—, la superación de la polarización del conflicto para dar entrada a la multitud de intereses, especialmente los sociales, y el reforzamiento de la izquierda en su conjunto a través de la movilización, frente a las tentaciones de la “gestión institucional en frío” a que se ha sucumbido en la reforma del Estatut de Catalunya.
Crear esas condiciones exige medidas y acciones concretas que rompan la inercia del conflicto y permitan superar a medio plazo sus consecuencias. Un apoyo a todas las victimas –a todas—, el acercamiento de los presos vascos a Euskadi, la derogación de la Ley de Partidos Políticos para permitir la actividad democrática de la izquierda abertzale, el sobreseimiento de los sumarios 18/98 y Egunkaria. Hacer un acompañamiento desde el conjunto del Estado español de la movilización en Euskal Herria por estos objetivos, exigiendo del Gobierno central su cumplimiento frente a la derecha y el aparato judicial, puede ser una contribución imprescindible de la izquierda.
Consecuencias a medio y largo plazo
La idea de que el alto el fuego permanente es el resultado de una derrota de ETA o de la izquierda abertzale, que agitarán en las próximas semanas sectores de la derecha, no tiene otro objetivo que bloquear el proceso de paz. Hace muchos años que es evidente para todas las partes que el simple planteamiento de “victorias” o “derrotas” militares o represivas en un conflicto como el vasco no es sino una simplificación caricaturesca del mismo.
Por el contrario, el alto el fuego y el proceso de paz crearán las condiciones a medio y largo plazo, con la extensión del proceso democrático a todos los sectores de la población vasca, para que se produzca una movilización social sin precedentes allí donde, desde el final de la dictadura franquista, ésta ha sido más sostenida y más fuerte, poniendo en cuestión una y otra vez los límites impuestos en la transición por la derecha española.
En las nuevas condiciones, el mapa político vasco inevitablemente cambiará con la aparición de nuevos sujetos e intereses que acompañen a la resolución democrática de la cuestión nacional. En este sentido, la condición para que pueda conformarse una izquierda vasca socialista –capaz de defender el derecho de autodeterminación, pero también los intereses de la clase obrera— empieza por una superación del frentismo sindical, del condicionamiento táctico de las luchas sindicales a unas u otras alianzas en torno a diferentes estrategias en la cuestión nacional, para situar en primer plano los derechos sociales en una resolución de la cuestión nacional marcada con un carácter de clase.
Pero ese proceso de cambio del marco político en Euskadi desembocará inevitablemente en la cuestión de los “límites” que impone a la libre decisión de los vascos y las vascas la Constitución española de 1978. Superar esos límites –o en su caso, los que impone a la soberanía del entero pueblo español o de las otras naciones del Estado— exige un desplazamiento a la izquierda profundo, una nueva hegemonía de la izquierda en el conjunto del Estado español que vaya más allá de la “segunda transición” controlada de Zapatero. Que permita en primer lugar el ejercicio de ese acto de soberanía. Un desplazamiento de ese tipo necesita un nivel de movilización de la izquierda social, del conjunto de la clase obrera y las capas populares, superior al que facilitó la derrota del PP el 14-M del 2004. Pero eso solo será posible combinando la defensa de las cuestiones democráticas con sus intereses sociales más profundos y con la recuperación, al menos por un sector de la izquierda, de la idea de un modelo alternativo de sociedad. Y ello exige crear no solo las condiciones en Euskal Herria, sino en el conjunto del Estado español..- Madrid, 26 de marzo de 2006.
Gustavo Búster es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO
( Enviado por Alberdi – Manifiestu)
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22/03/06
Los sindicatos y la manía del crecimiento
Elmar Altvater*
Es de la mayor urgencia reflexionar sobre una política de empleo adecuada a la era post-fósil. Economía, ecología, política y movimiento obrero en el quicio de un cambio de época. Una aportación de Elmar Altvater.
Todos los datos coinciden inconfundiblemente: el crecimiento económico en los países industrializados retrocede. Un crecimiento digno de mención sólo puede conseguirse si cada vez más materia y energía se transforman en los bienes y servicios que constituyen el producto social. Pero el incremento en términos absolutos del consumo de naturaleza es desde hace años notablemente estable. En la “Europa de los 25” se mantuvo, de 1996 a 2005, entre los 700 y los 900 euros (ecus, antes de 1999). Mas la tasa de crecimiento del producto interior bruto (PIB) entre 1996 y 2005 en la “Europa de los 25” creció un promedio de 2,5% anual (hasta el año 2000 un poco más, después, un poco menos). En Alemania, el PIB real entre 2001 y 2005 experimentó un incremento de apenas un 0,36%.
Como es sabido, el crecimiento depende en substancia de dos componentes: del aumento del tiempo trabajado y del aumento de productividad, sobre los cuales, a su vez, inciden un sinnúmero de elementos. Por ejemplo: el progreso técnico, el sistema de relaciones industriales, los mercados financieros, la calificación de la fuerza de trabajo o la participación en la renta de los distintos grupos de edad, es decir, todos aquellos factores que las “reglas de juego” del capitalismo –ya sea “atlántico”, ya “renano”— caracterizan como responsables. Huelga decir que la ecuación del crecimiento se puede interpretar también causalmente: cuanto más avance la productividad, tanto menos trabajo será necesario para alcanzar una determinada tasa de crecimiento. Para compensar eso, dado un nivel de productividad, precisa siempre aumentar la producción. De no lograrse esto último, crece el desempleo.
Todo eso lo vio ya con claridad David Ricardo a comienzos del siglo XIX. Habló de redundant population, surgida del “incremento de bienestar de las naciones”: desempleados, marginados y muchos forzados a la migración. Entre 1820 y 1914, cerca de 55 millones de europeos abandonaron el continente europeo encontrando un nuevo hogar en el “Nuevo Mundo”, y también en Australia, Asia y África. Hoy, una muchedumbre de “superfluos planetarios” se ve empujada, no ya solo al paro y el desempleo, sino muchas veces a una economía informal de precarias relaciones laborales; también a la migración, obviamente sin posibilidad de conquistar un “Nuevo Mundo”. Pues las fronteras son espesas, y un nuevo “hogar” sólo puede hallarse en condiciones de ilegalidad o semilegalidad.
Todo eso pone a los sindicatos frente a un dilema. ¿Qué pasa, si las tasas de crecimiento se estancan y la Edad de Oro de los elevados aumentos salariales ha quedado atrás para siempre? ¿Qué pasa, si el aumento de productividad es corresponsable de un desempleo masivo que se enquista estructuralmente debilitando el poder negociador de los sindicatos, de modo que más productividad ni siquiera lleva a mayores salarios? Porque eso es lo que muestran los acuerdos tarifarios colectivos desde 1997, en los que apenas se dieron unos escasos aumentos salariales, mientras que, paralelamente, subía el desempleo: pues el aumento de la producción no logró en ningún momento compensar el aumento de productividad. De aquí que haya que preguntarse: ¿hay todavía márgenes de maniobra para un incremento del crecimiento que sea efectivo desde el punto de vista del empleo? ¿Qué implicaciones tienen los “límites del crecimiento” para la política de los sindicatos?
Incluso con tasas de crecimiento en aumento, no se pueden crear tantos empleos como se pierden: el “nuevo crecimiento”, a fin de cuentas, viene en parte del incremento de productividad, que ahorra trabajo. Sólo si hay mejoras en la capacidad competitiva del “emplazamiento” en la concurrencia global, se crearán, con las nuevas porciones de mercado conseguidas, nuevos puestos de trabajo (evidentemente, a costa de puestos de trabajo en otros “emplazamientos”). Si echamos cuentas –más allá de las fronteras nacionales en un mundo globalizado—, se pierden más puestos de trabajo viejos que nuevos se ganan. Por eso desde hace décadas crece el número de desempleados y trabajadores a tiempo parcial, y se expanden por doquier los sectores de la economía informal: en todas las regiones del planeta
Por lo demás, el crecimiento no puede ser reorientado a voluntad, como tantos desean. Baste pensar en los límites ecológicos. Se hicieron patentes en todo el mundo con el rebencazo de los huracanes entre el verano y el otoño de 2005. Cada vez más, también los ineludibles límites del aprovisionamiento energético entran en el campo de visión. El crecimiento de los últimos 200 años (desde la revolución industrial) se basó decisivamente en la fácil y barata disponibilidad de fuentes fósiles de energía, cuyas existencias, empero, son finitas y están ya en vías de escasear. El punto culminante del suministro de petróleo –el famoso peak oil— ha sido ya rebasado, o lo será en poco tiempo (como muy tarde, en la próxima década). 940 mil millones de barriles de petróleo han sido ya consumidos, y se sospecha que sólo quedan todavía en la costra terrestre entre 768 y 1.148 mil millones –es decir, la otra mitad—. Por consecuencia, el petróleo sólo estará disponible a precios más elevados, pues la demanda de los países industrializados, lo mismo que la de los que están ahora en proceso acelerado de industrialización, crece, mientras que la oferta decrece. De manera que la segunda mitad de las reservas de petróleo planetarias podría ser consumida más rápidamente que la primera; tal vez en cuatro o cinco décadas.
Vale la pena pensar en los comienzos de la era de los combustibles fósiles. Cuando arrancó la revolución industrial, el crecimiento de la economía se aceleró en muy poco tiempo. La tasa de crecimiento del PIB aumentó entre 1820 y 2000 un promedio de un 2,2% anual, mientras que esa tasa, en los dos milenios anteriores, no debió de llegar siquiera a un promedio de 0,2%. Ese salto cualitativo hacia una economía capitalista de crecimiento dejó también sus huellas en la semántica: el hombre medieval apenas habría comprendido el concepto de crecimiento, y menos la idea de un elevado crecimiento sostenido y duradero.
Casi dos siglos, pues, han alterado las percepciones y los discursos. La teoría económica proporcionó teorías del crecimiento de tipo keynesiano, neoclásico e institucionalista, cuyo común denominador era: mediante el crecimiento económico pueden resolverse directamente todos los problemas de una economía. “El crecimiento es bueno para los pobres”, escribía el Banco Mundial con vistas al objetivo del milenio, consistente en reducir la pobreza del mundo a la mitad para el 2010. Pasaba por alto que el crecimiento sólo es posible cuando afluyen inversiones. ¿Pero qué ocurre cuando los costes financieros de las inversiones –sobre todo los intereses— son más elevados que las tasas de crecimiento reales, según se ve en todas partes desde comienzos de los ochenta? No hay entonces reducción alguna de la pobreza; sino aumento de la deuda. Basta eso para darse cuenta de que el crecimiento no es una categoría exclusivamente económica, sino que tiene dimensiones sociales y políticas. “El crecimiento es bueno para el empleo”, se repite una y otra vez. Bien puede ser; mas no necesariamente debe ser. Pues que las inversiones lleguen a realizarse, depende de la comparación con los réditos que se pueden obtener en los mercados financieros internacionales, de la real “capacidad de rendimiento marginal del capital”, es decir, de las tasas de beneficio del capital invertido. Así las cosas, intereses altos y réditos altos operan muy a menudo en detrimento de las inversiones reales. Y aun en los casos en que éstas se realizan, y dada la presión competitiva planetaria sobre los mercados internacionales de mercancías, redundan por lo general más bien en una ulterior racionalización, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo.
Sin embargo de todo lo cual, se declara que el incremento del crecimiento es el objetivo político-económico general. En su acuerdo de coalición de noviembre de 2005, la CDU/CSU [democracia cristiana y unión social cristiana] y la SPD [partido socialdemócrata] establecieron la necesidad de un “nuevo crecimiento”, al que sin embargo se definió en un sentido cuantitativo como un “crecimiento claramente mayor”. Mayor crecimiento debería comportar mayores oportunidades de empleo, las que, a su vez, traerían consigo mayores ingresos para la caja de la seguridad social, la revitalización de la demanda y el saneamiento de los presupuestos públicos. Con lo que la cuestión fundamental sigue intacta: ¿puede todavía fijarse responsablemente como objetivo de la política económica el crecimiento en un país industrializado ya altamente desarrollado? A la vista de las cargas soportadas por el medio ambiente, ¿podemos permitirnos un crecimiento que acarreará la expansión del consumo de energía y materiales? ¿Por qué no se toma en consideración el impacto que los mercados financieros internacionales tienen en intereses y réditos, y a través de ellos, en el crecimiento de la economía real?
Naturalmente, los sindicatos no están tampoco libres de la manía del crecimiento. Aun no habiendo relación directa ninguna entre inversiones, crecimiento y ocupación, es indiscutible que las posibilidades de aumento de la ocupación son mayores en una economía en crecimiento dinámico que una economía estancada o en recesión. De aquí que los sindicatos no pongan nunca en cuestión el crecimiento. Dudan los más, sin embargo, de que sea posible estimular el crecimiento con los métodos neoclásicos-neoliberales de control político de la oferta. Y las experiencias de las últimas décadas les dan la razón. Las comparaciones entre países muestran, en efecto, que las tasas de crecimiento en ningún caso son mayores allí donde rigen estrictas políticas de oferta en punto a desregular y privatizar, o en la flexibilización del mercado de trabajo. Una política de estímulo de la demanda a través de incrementos salariales y gastos sociales podría indudablemente reorientar al alza la curva de crecimiento del PIB. Sólo, sin embargo, si hubiera espacios de maniobra para el crecimiento: porque sólo en tal caso resultaría adecuada una estrategia de aumento del poder adquisitivo de la población.
¿Y cuando se da ese caso? El desempleo masivo en todos los países industrializados ha traído consigo la disponibilidad de un potencial de trabajo prácticamente ilimitado, aun cuando pueda haber cuellos de botella en determinadas calificaciones laborales. Pero los insumos de capital se hacen más caros. En primer lugar, el coeficiente de capital aumenta en general con el progreso técnico. En segundo lugar, los costes de las inversiones reales aumentan con el nivel real de los intereses en los mercados de capitales y con las elevadas exigencias de rédito por parte de los inversores de capitales que operan a escala internacional. Espacios de maniobra sólo los hay, si los bancos centrales de los grandes países acuerdan bajar el nivel internacional de los intereses, pero eso ha fracasado hasta ahora a manos de la enérgica presión de intereses lobísticamente organizados.
En tercer lugar, aumenta el gasto en materias primas, superlativamente en el caso del petróleo y el gas. Hasta ahora, swing producers como la Arabia Saudita podían frenar el aumento de precios del petróleo y del gas cuando éstos escaseaban. Pero esa posibilidad se ve limitada hoy tanto por motivos geológicos como políticos (inestabilidades de los países de la OPEP), lo que podría condenar al fracaso a una política económica orientada al estímulo de la demanda. Esa política sólo ofrece una perspectiva alternativa a la política de estímulo de la oferta, mientras haya de verdad reservas de crecimiento. Extinguidas éstas, no se puede esperar mucho ni de la política de estímulo de la oferta ni de la de estímulo de la demanda: la esperanza en una recuperación de tasas de crecimiento elevadas se revela una ilusión.
De lo que se sigue que los sindicatos tendrían que proceder de acuerdo con una doble estrategia. Se puede apostar por una estrategia de crecimiento por la vía del estímulo de la demanda, sólo mientras existan los mencionados espacios de maniobra, y siempre que sea posible ampliar y extender éstos últimos, mediante una activa política económica y social, a escala nacional y, cada vez más, europea y global. Paralelamente, hay que reflexionar sobre una política factible para una nueva época en la que el crecimiento será recordado como una manía patológica de la era, definitivamente pasada, de los combustibles fósiles. Ya John Stuart Mill, un clásico de la economía política del siglo XIX, imaginó una economía estacionaria de autosuficiencia contemplativa, sin acumulación ni crecimiento. El progreso económico –es decir, una idea de desarrollo, no de crecimiento— podría estar plena y colmadamente al servicio de la reducción del tiempo de trabajo. La estrategia sindical de reducción del tiempo de trabajo cobra, pues, ahora, con los límites del crecimiento y de la era de los combustibles fósiles, un acento completamente nuevo, que va mucho más allá de la habitual fundamentación en la necesidad de mayor tiempo de ocio para la autorrealización (“los sábados son para mí, Papi”).
Si las fuentes fósiles de energía tienden a agotarse y la energía nuclear carece de sentido como alternativa, ¿qué energías están entonces disponibles? Las Fuentes de energías renovables pueden y deben substituir a las fósiles: biomasa, viento, células fotovoltaicas, mareas, energía hidráulica y otras tecnologías capaces de transformar la energía solar. Es de todas formas dudoso que las fuentes renovables de energía permitan un régimen temporal y espacial parecido al de las fuentes fósiles; que la reticulación global no tenga que ser substituida por ciclos regionales; que los ritmos no tengan que proceder de los procesos mismos de producción. Puesto que hasta ahora la aceleración de todos los procesos trajo por consecuencia el incremento de la productividad laboral (podía producirse más en el mismo lapso de tiempo), una “desaceleración” podría inhibir el incremento de la productividad laboral y llevar así de nuevo a aumentos en la ocupación. Es decir, que, hoy, en paralelo a la estimulación del crecimiento y al uso de los espacios políticos de maniobra ofrecidos por una economía en crecimiento, de lo que se trata es de desarrollar una “estrategia más allá del crecimiento” que se concentre en las fuentes energéticas renovables. Pues el caso es que nos hallamos en el quicio entre la era de crecimiento aún-fósil y la era post-fósil de las energías renovables, para la que debemos prepararnos seriamente. En lo que toca a los sindicatos, esa preparación tendría que pasar por aprovechar la ventana epocal (todavía) abierta y apostar por una política de ocupación y de rentas propia de la era post-fósil.
* Elmar Altvater es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Su último libro traducido al castellano: E. Altvater y B. Mahnkopf, Las Limitaciones de la globalización. Economía, ecología y política de la globalización, Siglo XXI editores, México, D. F., 2002.
Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss
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15/03/06
Un genocidio contra las mujeres
Ayaan Hirsi Alí
El País. España, marzo del 2006.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
He llamado a un buen amigo mío que es judío y le he preguntado si le parecía apropiado que emplease el término Holocausto para calificar la violencia que se ejerce contra las mujeres en todo el mundo. Al principio se sorprendió. Pero cuando le leí las cifras de un informe publicado por el Centro para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas en marzo de 2004, asintió sin dudarlo.
Existen en todo el mundo entre 113 y 200 millones de mujeres demográficamente desaparecidas. Cada año, entre 1,5 y 3 millones de mujeres y niñas pierden la vida como consecuencia de la violencia o el abandono por razón de su sexo. Como decía The Economist del pasado 24 de noviembre, "cada periodo de dos a cuatro años, el mundo aparta la vista de un recuento de víctimas equiparable al Holocausto de Hitler".
¿Cómo es posible que ocurra algo así? He aquí algunas de las razones.
- En los países donde el nacimiento de un varón se considera un regalo y el de una niña una maldición, se recurre al aborto y el infanticidio selectivos para eliminar a las niñas.
- Las niñas mueren de forma desproporcionada por abandono, porque los alimentos y la asistencia médica se destinan antes a sus hermanos, padres, maridos e hijos.
- En los países en los que se considera a las mujeres propiedad de los hombres, los padres, hermanos y maridos las asesinan por atreverse a escoger sus propias parejas. Son los llamados asesinatos "de honor", aunque el honor tiene poco que ver en el asunto. A las novias jóvenes cuyos padres no pagan dinero suficiente a los hombres que se han casado con ellas se las mata; son las llamadas "muertes por dote", pero no son muertes; son asesinatos.
- El brutal tráfico sexual internacional de chicas jóvenes mata a un número incalculable de mujeres.
- La violencia doméstica causa la muerte de un gran número de mujeres en todos los países del mundo. Las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de ser asesinadas o heridas por sus parientes masculinos que de morir debido al cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico o la guerra, todos juntos.
- Se concede tan poco valor a la salud femenina que, cada año, aproximadamente 600.000 mujeres mueren al dar a la luz. Como destacaba The Economist, esa cifra equivale a un genocidio como el de Ruanda cada 12 meses.
- Cada día, 6.000 niñas sufren la mutilación genital, según Naciones Unidas. Muchas mueren. Otras sufren dolores atroces durante el resto de su vida.
- Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco mujeres tiene probabilidades de ser víctima de una violación o un intento de violación a lo largo de su vida.
El genocidio consiste en el exterminio deliberado de un gran número de personas. Y esto es genocidio. No son unos asesinatos silenciosos; todas las víctimas proclaman a gritos su sufrimiento. Y no es que el mundo no oiga esos gritos; es que nosotros, los demás seres humanos, preferimos no prestar atención.
Resulta mucho más cómodo ignorar estas cuestiones, sobre todo cuando se trata de problemas tan extendidos y -para muchos lectores de periódicos- tan lejanos. Con frecuencia lo hacen las propias mujeres. Traicionamos a nuestras congéneres. Muchas veces somos las primeras en apartar la vista. O incluso participamos, al favorecer a nuestros hijos y descuidar el cuidado de nuestras hijas. Contemplamos con recelo a otras que tienen el valor de intentar denunciar la dura realidad a la que se enfrentan las mujeres en todo el mundo.
Examinemos de nuevo la lista. Todas las cifras son cálculos aproximados. Casi nunca hay cifras exactas en este terreno; documentar la violencia contra las mujeres no es una prioridad en la mayoría de los países. ¿Cuántos tribunales se han creado para juzgar a quienes cometen estos crímenes? ¿Cuántas comisiones de la Verdad y la Reconciliación se han instituido? ¿Cuántos monumentos nos recuerdan que debemos llorar la muerte de estas víctimas? ¿Acaso las mujeres son bienes desechables, no del todo personas?
Mientras, puedo oír las excusas habituales. "En realidad, no sabemos si es una aniquilación sistemática". "Es su religión, y a muchas mujeres no parece queles preocupe pertenecer a esa religión". "No se puede atacar la cultura de la gente". "Es una desgracia para las víctimas, pero, en tiempos de guerra y pobreza, la gente muere".
Pero el mundo no está volviéndose más violento; al menos, no para los hombres. Como destaca The Economist del 24 de noviembre, el mundo está volviéndose palpablemente más pacífico. El número de guerras entre países y guerras civiles en el mundo disminuyó en un 40% entre 1992 y 2003. Los conflictos más mortíferos -los que se cobran más de 1.000 vidas- se redujeron en un 80%. Entre 1991 y 2004 se iniciaron o reiniciaron 28 conflictos armados, pero se contuvieron o apagaron 43, según la citada publicación.
Y la pobreza tampoco tiene mucho que ver. Los países ricos también persiguen a las mujeres. En Arabia Saudí, las mujeres no pueden votar; no pueden salir de su barrio o su país sin permiso del padre o el marido; no pueden trabajar, ni escoger a su esposo, si no lo autoriza su guardián. En el mejor de los casos, equivalen a animales de compañía, y en el peor, son esclavas domésticas; pero nunca son iguales. Y, sin embargo, a nadie se le ocurre decir que Arabia Saudí es pobre, salvo en términos culturales.
Nos enfrentamos a tres grandes retos.
En primer lugar, las mujeres no estamos organizadas ni unidas. Las mujeres de los países ricos, que disfrutamos de la igualdad bajo la ley, tenemos la obligación de movilizar a nuestras hermanas. Nuestra indignación y nuestras presiones políticas son las únicas armas que pueden promover el cambio.
Luego están las fuerzas del oscurantismo. Los islamistas están empeñados en revivir y extender una serie de leyes brutales y retrógradas. En los países en los que imponen la ley coránica de la sharia, a las mujeres se les expulsa del ámbito público, se les niega la educación y se les obliga a pasar toda su vida como esclavas domésticas. La lucha para combatir el islamismo es una lucha para salvar a las mujeres en cuerpo y mente.
En tercer lugar, los relativistas culturales y morales socavan nuestro sentimiento de indignación moral cuando defienden la idea de que los derechos humanos son una invención occidental. Los hombres que maltratan a las mujeres hacen uso casi constante del vocabulario que amablemente les proporcionan esos relativistas al reivindicar el derecho a regirse por un sistema de valores distinto -"asiático", "africano" o "islámico"- en relación con los derechos humanos. De acuerdo con este punto de vista, cuando los maridos, los padres y los hermanos pretenden que las mujeres somos posesiones suyas, están expresando su cultura o su religión, y hay que respetarles.
Tenemos que luchar para cambiar esa mentalidad. Una cultura que corta los genitales de las niñas, daña sus mentes y justifica su opresión física no es equiparable a una cultura que considera que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres.
El 8 de marzo fue el Día de la Mujer. En ese día, todos los años, celebramos nuestros triunfos y condenamos nuestro sufrimiento. Pero un día no es suficiente. Necesitamos más de un día, más de un año, más de un decenio. Necesitaríamos todo un siglo para luchar contra el generocidio.
Ni siquiera cuando buscan sinceramente la paz se dan cuenta los hombres que nos gobiernan -porque, en su abrumadora mayoría, son hombres- de que, mientras exista la guerra contra las mujeres, la humanidad no tendrá nunca paz. Si se nos niega la educación, transmitiremos nuestra ignorancia a nuestros hijos. El abandono de las mujeres perjudica a la sociedad entera.
Cuando nos violan concebimos en medio de la humillación, y transmitimos nuestra rabia a nuestros hijos. Si no nos quieren, tampoco nosotras podemos querer; y si no nos cuidan, también nosotras descuidamos. Las mujeres tratadas con crueldad engendran mercenarios y opresores. Si nos destruyen, destruimos. Ante este horror, me siento tan impotente como cualquiera, pero sé que, para acabar con él, vamos a necesitar mucha más energía y vamos a tener que centrarnos. Hay tres primeros pasos que podrían dar los dirigentes mundiales para empezar a erradicar el asesinato en masa de las mujeres.
- Que un tribunal de justicia como el de La Haya busque a los 113-200 millones de mujeres y niñas desaparecidas. Transformar las cifras en rostros y nombres contribuirá enormemente a erradicar la violencia.
- Es urgente un serio esfuerzo internacional para documentar con exactitud la violencia contra las mujeres y las niñas, país por país, y denunciar la realidad de sus intolerables sufrimientos. En los dos últimos siglos, los occidentales han cambiado gradualmente la forma de tratar a las mujeres. Como consecuencia, Occidente disfruta de más paz y progreso. Confío en que el Tercer Mundo emprenda ese mismo esfuerzo en este siglo que comenzamos. Igual que acabamos con la esclavitud, debemos acabar con el generocidio.
- Por último, necesitamos una campaña mundial contra las culturas que permiten este tipo de crímenes. Las culturas que defienden la eliminación física de las niñas recién nacidas, que no las alimentan ni las cuidan, que niegan a las mujeres el derecho a gobernar su propio cuerpo y no las protegen de ninguna forma contra los peores maltratos físicos, todas esas culturas deben reformarse. No son miembros respetables de la comunidad de naciones. Hay que nombrarlas y cubrirlas de vergüenza.
(1) Ayaan Hirsi Alí es diputada holandesa y autora del libro Yo acuso. Este texto es el discurso que pronunció en Alemania el Día de la Mujer.
(*) Texto aparecido en El País, de España. La redacción de este diario recuerda a sus lectores que en nuestras páginas sólo tienen cabida los textos externos que cuenten con los debidos permisos de reproducción de autores y/o publicaciones. Cualquier excepción, como la actual, se hace siempre en virtud del carácter no lucrativo de La Insignia, ante situaciones de evidente interés informativo o social y a condición de no provocar perjuicio alguno a la fuente de origen.
( Enviado por Alberdi-MANIFIESTU)
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10/03/06
Democracia a medida
9.3.06
Democracias a medida
Por IGNACIO RAMONET
Presentada a menudo como el mejor de los sistemas políticos, la democracia ha sido durante mucho tiempo una forma rara de gobierno, dado que ningún régimen responde totalmente al ideal democrático, que implicaría una honestidad absoluta de los poderosos respecto de los débiles y una condena verdaderamente radical de todo abuso de poder. Y que hay que respetar cinco criterios indispensables: elecciones libres; existencia de una oposición organizada y libre; derecho real a la alternancia política; existencia de un sistema judicial independiente del poder político; y existencia de medios de comunicación. Aun así, algunos Estados democráticos como Francia y el Reino Unido negaron durante mucho tiempo a las mujeres el derecho al voto, y además eran potencias coloniales que pisoteaban los derechos de los colonizados.
A pesar de esos fallos, este método de gobierno tiene tendencia a universalizarse. Primero bajo el fuerte impulso del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson (1856-1924). Pero sobre todo después del final de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética. Entonces se anunció "el fin de la historia" con el pretexto de que nada se oponía a que todos los Estados del mundo alcanzaran un día los dos objetivos de la felicidad suprema: economía de mercado y democracia representativa. Objetivos que se convirtieron en dogmas intocables.
En nombre de esos dogmas, George W. Bush estimó legítimo recurrir a la fuerza en Irak. Y autoriza a sus fuerzas armadas a practicar la tortura en cárceles secretas establecidas en el exterior. O a someter a tratamientos inhumanos, en la cárcel de Guantánamo, a prisioneros excluidos de todo marco legal, como acaba de denunciar un informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, así como una resolución del Parlamento europeo.
A pesar de infracciones tan graves, Estados Unidos no vacila en erigirse en instancia planetaria de homologación democrática. Washington ha tomado la costumbre de envilecer a sus adversarios calificándolos sistemáticamente de "no democráticos", incluso de "Estados canallas" o "bastiones de la tiranía". La única condición para eludir ese sello de infamia es organizar "elecciones libres".
Pero aun en ese caso todo depende de los resultados. Como lo muestra el caso de Venezuela, donde desde 1998 el presidente Hugo Chávez ha sido electo en varias oportunidades en condiciones democráticas garantizadas por observadores internacionales. Es inútil. Washington sigue acusando a Chávez de ser "un peligro para la democracia"; y llegó al extremo de alentar un golpe de Estado en abril de 2002 contra el presidente venezolano, quien se somete de nuevo al veredicto de las urnas en el siguiente diciembre...
Otros tres ejemplos: Irán, Palestina, Haití, muestran que no basta con ser democráticamente elegido. En Irán todos evaluaron impecables las elecciones de junio de 2005: participación masiva de los votantes, pluralidad y diversidad de los candidatos (en el marco del islamismo oficial), y sobre todo brillante campaña de Ali-Akbar Hachemi Rafsanyani, favorito de los occidentales que lo consideraban el vencedor. Entonces nadie evocaba el "peligro nuclear". Todo cambió brutalmente después del triunfo de Mahmoud Ahmadinejad (cuyas declaraciones sobre Israel son inaceptables). Y ahora asistimos a una demonización de Irán.
Aunque Teherán sea signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear y niegue querer la bomba, el canciller francés acaba de acusar a Irán de desarrollar "un programa nuclear militar clandestino" (1). Y olvidando ya las recientes elecciones Condoleezza Rice, secretaria de Estado de Estados Unidos, reclama 75 millones de dólares al Congreso para financiar en Irán "la promoción de la democracia".
La misma situación, o casi, se da en Palestina (léase el artículo de George Corm, pág 6) donde tanto Estados Unidos como la Unión Europea, después de exigir la celebración de elecciones "verdaderamente democráticas" vigiladas por una miríada de observadores extranjeros, niegan ahora el resultado de las elecciones, con el pretexto de que el vencedor, el movimiento nacionalista islámico Hamás (autor en el pasado de repudiables atentados contra civiles israelíes) les disgusta.
Por último, con ocasión de las elecciones presidenciales del 7 de febrero pasado en Haití, vimos cómo en un primer momento se hizo todo lo posible por impedir la victoria de René Preval, finalmente elegido, al que la "comunidad internacional" no quería a ningún precio, debido a sus vínculos con el ex presidente Jean Bertrand Aristide, él mismo democráticamente elegido y destituido en 2004.
"La democracia, decía Winston Churchill, es el peor de los regímenes, con excepción de todos los demás". Lo que parece importunar ante todo actualmente es no poder determinar por anticipado el resultado de una consulta electoral. Cuando algunos quisieran poder instaurar democracias a medida. Con resultado garantizado.
Notas:
(1) Le Monde, 16 de febrero de 2006.
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7.3.06
11:30 Anotado en Para Pensar | Permalink | Comentarios (0) | Email esto
09/03/06
Por el bien de todas
Por el bien de todas
Encuentro de la Coordinadora Nacional de Mujeres
Por el Bien de Todas
con
Andrés Manuel López Obrador
8 de marzo de 2006
Marcela Lagarde y de los Ríos
La democracia es el régimen de la unidad de la multiplicidad,
del reconocimiento, por tanto, de todas las diversidades,
María Zambrano
La Coordinadora Nacional Por el Bien de Todas reúne este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, a mujeres representativas de miles, de millones de mujeres, de sus más variadas causas, de sus organizaciones civiles, sus redes y sus partidos – el Partido de la Revolución Democrática, el Partido Convergencia y el Partido del Trabajo-.
Somos mujeres diversas, protagonistas de movimientos civiles y políticos decisivos. Mujeres críticas, concientes y politizadas que creamos propuestas y realizamos acciones alternativas y fortalecimos instituciones durante el último medio siglo para hacer habitable nuestro país.
Nos caracteriza el compromiso con una alternativa nacional que ha tenido muchos nombres. Nosotras mismas nos ubicamos en una gama de identidades políticas que abarca mujeres insurgentes, comunistas, socialistas, socialdemócratas, mujeres de izquierda, libertarias y feministas. Todas demócratas y progresistas. Defensoras de la causa de las mujeres en nuestro país y en el mundo, hemos abierto espacios vedados a nuestro género y hemos contribuido a crear y ampliar oportunidades para las mujeres, hemos luchado por nuestra participación política y nuestra ciudadanía y por los derechos de todas.
En nosotras están sintetizadas décadas de movimientos civiles y políticos opuestos al autoritarismo, la anti-democracia y el desarrollo depredador. Alzamos nuestras voces contra la ignominia y hemos estado al lado de quienes no han encontrado opciones y por el restablecimiento de la paz con justicia.
Participamos en innumerables movimientos de mujeres y feministas, ciudadanos, sindicales, electorales, por la libertad de los presos políticos y el regreso de los desaparecidos, por la justicia y la vigencia de las garantías y las libertades democráticas. Por el cambio de sentido a la conducción del país.
Somos las ciudadanas del derecho al voto y las ciudadanas que hilamos tejido social en organizaciones, redes, comités, asambleas, frentes. Denunciamos la represión, vindicamos la vida política democrática, defendemos la vía electoral para acceder al poder, el voto y las elecciones confiables. A pesar de todo, aún no somos elegibles a pesar de nuestros méritos, nos regatean con misoginia raquíticas cuotas y posiciones políticas, a diestra y siniestra en cada proceso de selección o de designación.
Por eso y mucho más, aspiramos a la vigencia de la democracia plena como régimen político basado en la igualdad.
Quienes estamos aquí, nos hemos opuesto a la devastación cometida contra la vida rural y costera, montañesa y selvática y, en general, contra el medio ambiente, la economía social, la industria nacional, la producción rural, las manufacturas artesanales y artísticas. Concurrimos a múltiples acciones para transformar la calidad de vida en ciudades y barrios inhóspitos e inequitativos, así como en pueblos y comunidades rurales.
A pesar de la desigualdad de género, con nuestra presencia y creatividad, ampliamos la matrícula educativa, el mercado laboral, la participación sindical, civil y política y, desde luego, la vida artística y cultural.
De mil maneras, nos sumamos a la construcción de la democracia: Contribuimos a luchar contra la explotación y a mantener derechos sociales de las clases trabajadoras en particular de las mujeres trabajadoras.
Nosotras participamos en los movimientos por la eliminación de la discriminación a los pueblos, las comunidades y las culturas indígenas, y nos pronunciamos por la vigencia de una nación multicultural y la definición multiétnica del Estado mexicano. Así como por la eliminación de la triple opresión de las mujeres indígenas y la vigencia de sus derechos humanos.
Desde luego, impulsamos el reconocimiento social y jurídico de la diversidad sexual y la eliminación de la discriminación a las personas por su preferencia u opción sexual. Para nosotras es vital la vigencia plena de los derechos sexuales y reproductivos. Así como la igualdad real entre personas con capacidades diferentes.
Ante el conservadurismo excluyente, sexista y clasista, en múltiples ocasiones hemos defendido la salud y la educación públicas, así como la responsabilidad del Estado con el desarrollo social.
Nuestra participación ha sido un pilar social del laicismo en nuestro país al vindicar la preeminencia del estado laico como única vía para lograr la gobernabilidad equitativa y la convivencia solidaria, así como para garantizar el derecho a elegir, en una sociedad diversa en sujetos y plural en creencias, tradiciones, idiomas, ideologías y prácticas socioculturales y políticas.
Recogemos con entusiasmo el anuncio que hiciste, Andrés Manuel, sobre la integración paritaria del gobierno que encabezarás. Aspiramos, además, a que la paridad numérica se defina como paridad de calidad ética y que las mujeres y los hombres designados sean capaces de gobernar con una visión de género democrática y moderna. Que el gobierno de la Coalición por el Bien de Todos se caracterice porque quienes gobiernen, representen y asesoren no tengan antecedentes de violencia contra las mujeres ni marcas de impunidad.
Llamamos a las mujeres dispuestas a lograr un cambio profundo en nuestro país, a sumarse a la Coordinadora Por el Bien de Todas. Somos parte sustantiva de la conciencia crítica de este país y de las fuerzas democráticas cuyo signo de identidad es la defensa de los derechos humanos de las mujeres.
Cuenta con nosotras.
Aspiramos a vivir en un país cada vez más habitable, tan rico en transformaciones como rico es en biodiversidad, en diversidad étnica y lingüística, y en creatividad artística, intelectual y cultural.
Nuestra nación merece y reclama un gobierno comprometido con el impulso a una vía de desarrollo social capaz de satisfacer las necesidades vitales de todas las personas mujeres y hombres, niñas, niños y adolescentes, jóvenes, mayores y más mayores, mestizos e indígenas, rurales y urbanos, fronterizos, provincianos y capitalinos, residentes, extranjeros y migrantes.
Un gobierno apoyado por la mayoría, capaz de sumar esfuerzos y destinar recursos para enfrentar la pobreza, en particular la feminización de la pobreza; y detener la sangría de migrantes mujeres y hombres que deberían encontrar en nuestras tierras opciones dignas de vida. Un gobierno que fomente en la sociedad una vía económica con rostro social al impulsar el desarrollo democrático comunitario y de las entidades federativas, al cuidar nuestros recursos, al priorizar la creación de empleos y garantizar los derechos sociales, al ampliar y actualizar la educación y la atención de la salud de mujeres y hombres de todas las edades y todas las regiones.
Estamos convencidas de que con una política de gobierno favorable al desarrollo social equitativo y sin exclusiones, es posible poner fin a la muerte materna, a la muerte precoz de niñas y niños y a todas las muertes debidas a la falta de desarrollo. Las cifras no mienten. Hay regiones de nuestro país y estratos sociales en todas partes que nos colocan al lado de países con desarrollo 0, donde priva el antidesarrollo, o en términos técnicos, países y zonas inviables, producto del perverso monopolio de bienes por minorías privilegiadas y poderosas.
Gobiernos de nuestro país han suscrito convenios, protocolos y normas, la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra las Mujeres, CEDAW, Belén Dó Para, los compromisos con las Metas del Milenio de la ONU, y otros más. Se trata de un conjunto de instrumentos internacionales para delinear políticas con perspectiva de género y desarrollo, y abatir la opresión de las mujeres, pero sus acciones distan mucho de las urgencias. Los resultados son exiguos.
Queremos un gobierno que cumpla con los lineamientos suscritos y reoriente el desarrollo con perspectiva de género, para apoyar el avance de las mujeres y la equidad entre mujeres y hombres. Que potencie la capacidad instalada en salud y educación, la amplíe y trabaje por su calidad. Que incida en la creación de condiciones de seguridad pública frente a la violencia y el crimen, y rompa la alianza perversa entre poder público y poder mafioso, sanee las instituciones y profesionalice a su personal. Un gobierno que se reforme para generar políticas gubernamentales eficaces.
Nuestro país es conocido en el mundo por el trabajo doméstico en servidumbre, la explotación laboral en las maquiladoras, la explotación sexual infantil, el tráfico de personas, la prostitución o explotación sexual de mujeres y hombres, la pornografía y el turismo sexual, así como por la exacerbada violencia pública y privada, institucional, conyugal y familiar, contra las mujeres, y por el machismo acendrado de los hombres de a pie, tanto como de los políticos.
Nuestro país es señalado, con horror, por el feminicidio.
Por esta lacerante situación, millones de mujeres votaremos por la opción que se comprometa a crear y sostener una verdadera política de gobierno y de Estado, de seguridad y de prevención, atención y erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas. Y, desde luego, votaremos por quien acabe con la impunidad en los delitos del pasado, y asegure el acceso de las mujeres a la justicia.
Estructuralmente, el Estado mexicano no contiene la democracia genérica. Por eso, desde la perspectiva de género de las mujeres el Estado mexicano está rebasado. No es posible postergar más la urgente reforma del Estado.
A la luz de los nuevos paradigmas, debemos caminar hacia la reforma del Estado, ampliar y extender cambios económicos, sociales, jurídicos, políticos y culturales emancipadores de las mujeres y de todos los excluidos.
En estas elecciones se está generando un gran movimiento civil que permitirá cambiar la ignominiosa situación de las mujeres. No buscamos la integración de la mujer al desarrollo, política vigente, débil e inconexa, que superpone acciones aisladas e insuficientes a una estructura de Estado y gubernamental supremacista masculina y patriarcal, y no contribuye a eliminar con equidad, la opresión de las mujeres.
La alternativa que propugnamos consiste en hacer corresponsables a la sociedad y al Estado del desarrollo vital de cada niña y cada mujer, de su seguridad y de su calidad de vida, al construir los derechos humanos y la ciudadanía plena de las mujeres. Si trastocamos el desarrollo y la democracia en ese sentido, la sociedad, la democracia y su vía de desarrollo se potenciarán y enriquecerán. La ganancia será colectiva.
Deseamos que la Coalición arribe al gobierno porque el proyecto alternativo de nación es la única propuesta integral y viable de gobierno presentada en este proceso electoral que corresponde con nuestro análisis. Contiene principios, objetivos y compromisos, así como políticas de gobierno tendentes a enfrentar los grandes problemas nacionales y a ampliar el acceso de las mayorías a los beneficios del desarrollo.
Para que éste 8 de marzo sea el último 8 de marzo del viejo régimen, es ineludible acudir a la cita con el movimiento electoral que triunfará en las elecciones del 2 de julio.
Para nosotras, este hora es decisiva. Estamos cada vez más cerca de llevar al gobierno a un conjunto de fuerzas capaces de dar vuelta a la hoja e iniciar el siglo con un gobierno nuestro.
Un gobierno que actúe por asegurar la calidad de vida de la mayoría, por preservar los recursos naturales, el patrimonio material e intangible, por sustentar nuestra soberanía y el diálogo con otros pueblos y naciones que pongan por delante los derechos humanos y la cooperación internacional, un gobierno que mire hacia América Latina y hacia países como el nuestro en todos los continentes. Un gobierno que defienda e impulse la paz y la globalización solidaria y democrática.
Por tu trayectoria y por la de las fuerzas que encabezas sabemos que el gobierno de la Coalición Por el Bien de Todos, será identificado por su compromiso ético y político con la causa histórica de las niñas y las mujeres y por colocar recursos humanos y presupuestales para el adelanto y el desarrollo de las mujeres en libertad. Será un gobierno que impulse políticas de equidad en concordancia con la igualdad. Un gobierno evaluable por su capacidad práctica de garantizar la vigencia de los derechos humanos de las mujeres.
El gobierno alternativo dialogará con las mujeres como ciudadanas. Sus principios de convivencia social y gobernabilidad democrática serán la igualdad entre mujeres y hombres y el fin de los privilegios, los abusos, la violencia y los poderes patriarcales. La garantía para el desarrollo vital de las mujeres y erradicar la pobreza, la inseguridad, la violencia y la injusticia, será gobernar impulsando el desarrollo social equitativo y la democracia.
Sabemos, Andrés Manuel, que gobernarás para restablecer la vigencia de la legalidad y del estado laico, para garantizar la pluralidad política, para eliminar la impunidad y la corrupción, y que actuarás en pro del estado democrático de derecho.
Por todo ello, las mujeres reunidas aquí (y las que no vinieron) te manifestamos nuestro reconocimiento y el apoyo a la Coalición por el Bien de Todos. Convocamos a las mujeres comprometidas con nuestra causa a sumarse a la Coordinadora por el Bien de Todas, hacer campaña y llevar a las urnas un número suficiente de votos para que a nadie le quede duda.
Las mujeres no debemos equivocarnos. No nos confundamos. En esta hora decisiva, ningún voto puede dilapidarse en simulacros. Todos los votos de las izquierdas, de avanzada, demócratas y progresistas deberán emitirse por la Coalición Por el Bien de Todos y por Andrés Manuel López Obrador, única conjunción política capaz de potenciar la voluntad ciudadana y de concretarla en un gobierno alternativo.
Llamamos a votar por la Coalición y su candidato. Queremos desaparecer los muros visibles e invisibles, que nos hacen a las mexicanas todas, ciudadanas de segunda, ilegales y clandestinas, amenazadas, en un mundo regido por normas que favorecen un orden patriarcal neoliberal y caduco.
Queremos un gobierno que se oponga a muros fronterizos execrables y procure fronteras internas transitables, espacios no vedados, un ramito de libertades, seguridad y respeto a nuestra dignidad y a nuestra condición de mujeres.
Llamamos a votar por Andrés Manuel, para que cada mujer viva con seguridad en libertad; para que cada niña tenga escuela y un libro, cada jóvena tenga el derecho a decidir y a elegir, cada mujer tenga un papanicolau a tiempo y cada anciana tenga compañía, una dentadura y platillos ricos para comer. Para que todas transitemos seguras y sin violencia en nuestras casas y en las calles, los caminos, las plazas y los recovecos de nuestra tierra…
Queremos todos los derechos para todas…
Y un gobierno que actúe de cara a las mujeres, que procure hacer de nuestro país una casa pródiga y acogedora para todas y contribuya a la democracia en el sentido que le diera María Zambrano, la entrañable filósofa española, alguna vez transterrada en México: “la democracia…es la sociedad en la cual no sólo es permitido sino exigido, ser persona”.
Por el bien de todas
Por la vida y la libertad de las mujeres
Nos vemos el próximo 8 de marzo con el Presidente de la República
Andrés Manuel López Obrador
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